Me encuentro errante de sentimientos, mudo y abatido por la sangre
que gotea de mis ojos al verte ahí; sin mí. Encerrado y exhausto,
crudamente crucificado en lo negro de éste espíritu que vaga amarrado a tu
rostro que deseo acariciar y solamente, me dejo clavar éstas manos que se
adueñan de tu sonrisa que no es mía, de tus cabellos que no se enredan con los
míos—de esa ternura, de como miras a la nada y mis besos a tu roja carne que no
alcanzas a ver cuando me llenas de ti, escapando de mis efusivos demonios que
siempre quieren poseerte bruscamente y desnudarte con un soplo extinto de voz
húmedecida que te saborea y mastíca a cada instante; desparramando la pasión
loca del suelo profundo que es tu cuerpo, que nisiquiera me toca y me hiere de
tanto adentrárme en los confines del embriagánte éxtasis de solo rendirte un
miserable pensamiento que me mata y quema despiadadamente en todo silencio, en
cada bullicio de mi mente y de tanto buscarte en esas sombras que hay ahí, de
tanto nombrarte en íntimos sueños que duelen como espinas en el vientre y muero
y no resucitó, como en éste adictivo sentimiento errante.
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